Silvia Dopacio
Notas
Queda hecho el depósito que marca la Ley 11.723. Silvia Dopacio. Derechos reservados. Buenos Aires. Argentina.
NOTAS SOBRE EL TANGO
Las Minas en el Tango según los
fotos

Artículo de Silvia Dopacio, California, Revista El Suplemento.net
La imaginación y la historia del tango están llenas de alusiones al baile entre hombres, justificado siempre, como una forma de aprendizaje previo al lance con las minas. No vaya a ser que el machismo quede mancillado. Esos Compadritos haciendo sus quebradas en las calles porteñas tienen, sin embargo, una réplica femenina mucho menos documentada literariamente pero de iconografía más extensa. En Postales, Fotos o en Folletines de época.
Curiosamente, la inmensa mayoría de las imágenes de mujeres bailando el tango, vienen de Europa. Es difícil pensar que bien las percantas de los peringundines, bien las niñas bien de familia, no practicaran el tango en su país de origen. Pero lo cierto es que ya sea por la clandestinidad de unas, o por el pudor de las otras, su imagen no se ha perpetuado. Las únicas imágenes que existen, como el origen de la entronización del tango como una moda universal, son de París. En su mayor parte clichés anónimos tras los que se adivina la retina de un hombre complaciente con la imagen de dos mujeres que acortan la distancia entre sus cuerpos tal como propicia esta danza. No se ve en ellas autoafirmación de lo femenino, más bien lisonjas y seducción hacia el hombre espectador. O sea, no se trata de imágenes para las féminas. Entre los años 20-30 hay mayor desenfado de tipo alegre, diríamos.
Un desenfado aturdido de una sociedad que deseaba vivir rápidamente el presente antes de caer en el futuro de las confrontaciones sociales y bélicas que la desgarrarían. Por un lado, los círculos parisinos de lustre artístico o intelectual admitían estas tomas o dibujos. Por otro, los cabaretes con su obvia función de escapismo sexual encuentran su sitio en la sociedad. De ambas fuentes, la imagen del tango entre mujeres beberá y de ambas nos llegan algunas imágenes que lo representan. Actualmente la imagen del tango mujer-mujer es un hecho más que aislado, y lo poco que existe sigue teniendo ese estilo masculino y voyeur con un tinte de erotismo y simulación.
Qué nos deparará el futuro a las mujeres en la danza del tango si las últimas grelas pintadas se esconden en la historia como la figurita más codiciada?
©Silvia Dopacio. Agosto 2002.
Escrito por Silvia Dopacio Lunes, 01 de marzo de 2004
http://www.elsuplemento.com/cms/content/view/658/258/
Una amiga me decía:
-Parece que en la milonga conseguí lo que me fascinó desde la más temprana
infancia: ir de los brazo de un varón a los de otro, sin que la gente
comente. ¡Toda una Marilyn Tanguera!
La comprendo. Es que al bailar, cada uno se mete dentro de sí, se ensimisma
y siente y olvida las cosas malas que suceden afuera de ese cuadrado de
baldosa que es la milonga de Buenos Aires.
Es tan conmovedor un abrazo tanguero, es tan solidario, santo, milonguita,
desesperado, bohemio, nostálgico, triste y sensual. Es maravilloso bailar en
brazos de un varón milonguero, suave y firme a la vez. La sensibilidad es
sorprendente, parece que vieran con todo el cuerpo en general y se expresan
discretos pero con un gran caudal de emoción. Y eso es bueno. La emoción
hace que seamos mejores personas. Entre 1860 y el 1900 había barrios que
hicieron la génesis de las milongas actuales, un tanto prostibularios pero
mágicos. El Parque (para las clases altas): actualmente la zona de Plaza
Lavalle y Tribunales. La Boca y el Junín (para las clases populares): actual
Miserere. El hueco de Lorea (para las clases altas): actual plaza del mismo
nombre y plaza del Congreso. La calle del Pecado o del Aroma: Av. 9 de
Julio, entre Av. Belgrano y Moreno, ex Ministerio de Obras Públicas. Los
fondines de la calle Entre Ríos: actual palacio del Congreso. El almacén o
alpargatería de Machado: Solís y Estados Unidos. También estaban las
Academias de fin del siglo XIX que comienzan a funcionar en Bs.As. por la
década de 1870. En las muy famosas de la calle EE.UU. y otra en la esquina
de Pozos e Independencia, se podían encontrar a las más famosas bailarinas:
la Parda Refucilo, Pepa, la Chata, Lola la Petisa, la Mondonguito, la China
Venicia y María la Tero. Los cabarets, cafés, casas de bailes y otros
piringundines daban el color necesario para que Buenos Aires creciera linda
y loca.
Discépolo supo definir al Tango como “el canto triste que se baila tal cual”
Aún la metáfora de la vida cotidiana nuestra, porteños y rioplatenses, que
laburamos de rey en este embate que es la vida y la emoción urbana.
Silvia Dopacio, ahora La Mondonguito, desde Buenos Aires.
Por Silvia Dopacio (Chile)
LA MILONGA, SUS COSTUMBRES Y CODIGOS
http://www.tangoenchile.cl/sitio/pgs/reportajes/codigos_milonga.htm
Milonga le decimos a los clubes de tango, a los salones donde se va a bailar.
Las prácticas, que se pusieron muy de moda hoy en día, son más informales que la milonga. Si bien hay un maestro que ayuda si es preciso, por lo general cada uno practica solo. Equivocarse y parar en el medio del tema es normal, ya que la práctica es algo intermedio entre la clase y la milonga. Las prácticas se hacen antes de comenzar la milonga, el horario normal de una práctica es de 8 o 9 a 12 de la noche mientras que la milonga empieza a las 11 o 12 de la noche y se extiende hasta las 5 de la mañana.
En las milongas se dividen los bailes por selecciones musicales llamadas "tandas". Cada tanda tiene entre 4 o 5 temas, siempre tocados por la misma orquesta. Las tandas están divididas por un fragmento musical no bailable que se denomina "cortina". Las mismas van siendo rotativas entre los tres ritmos de costumbre: tango, milonga y vals criollo. De vez en cuando se toca una tanda de música tropical o Jazz y luego se vuelve al tango.
Una costumbre para sacar a bailar en la milonga es que de lejos se miran y con un leve cabeceo se ponen de acuerdo, se paran, la dama camina hacia la pista y el caballero se dirige hacia ella. Nunca ella debe ir hacia él. Esta costumbre queda de la época en que las mujeres iban al baile acompañadas de la madre y los hombres de lejos las invitaban a bailar. Pueden haber usado el cabeceo antes de la década del '30, pero seguramente era para invitar a una mujer que estaría acompañada.
También quedó esta costumbre para evitar la negativa explícita en una invitación a bailar; muchas mujeres disimulan que no vieron y siguen con una mirada dispersa por el salón. De esta manera, ese código resulta muy cómodo y poco comprometido.
Generalmente no se habla al bailar y siempre, siguiendo la ronda anti-horaria, cuidamos para no cruzarnos por la pista. Si empezamos en la orilla de la ronda (por las mesas) debemos seguir en esta posición. Los que tienen mayor facilidad en desplazarse en la ronda bailan en general por las mesas, que antiguamente era la manera de lucirse al público que no bailaba. Los que tienen mayor dificultad, bailan en el centro porque tienen que desplazarse menos.
Hay reglas que no se pueden romper...
Habitualmente se baila toda una tanda con la misma persona. Entre tema y tema hay una pausa que se usa para charlar con su compañero. Sirve para escuchar la música que sigue y prepararse para ejecutarla. La mujer debe esperar que el hombre la abrace primero. Esa costumbre también viene de la misma época del cabeceo porque era el único momento (aparte del momento en que las chicas iban al baño) en que la mujer estaba sola, sin su madre o la persona que la cuidaba mandada por el padre que generalmente era el hermano menor, o algún tío o primo. Entonces, se usaba ese corto tiempo entre tango y tango para el levante, para arreglar citas afuera de la milonga. Muchas veces, hoy en día salen de la milonga por separado, se encuentran en la esquina o en algún café para charlar con más privacidad.
Cuando se está bailando y se dice "gracias" quiere decir que esta persona ya no quiere seguir bailando, en caso contrario se debe agradecer apenas en el final de la tanda. Al terminar la tanda existe la costumbre de que el caballero acompañe a la dama hasta su mesa.
La mujer milonguera suele ir sola a la milonga y comparte mesa con otras milongueras o amigas. Si una mujer va acompañada, nadie la sacará a bailar esa noche, excepto que su compañero de mesa ya esté bailando con otra persona. Generalmente no sacarán a una mujer que se encuentre en compañía por un hombre en la mesa.
Por otro lado, hay un código estabelecido muy estricto: nadie saca a bailar a nadie sin saber si lo hace bien. En general se baila por dos motivos: porque la persona sabe bailar o porque hay un interés de una posible aventura amorosa. Muchos no lo asumen pero es así, cuando no saben como baila la dama, cabecean para las tandas de tropical y jazz; recién después se animan a cabecear en el final de una tanda y solamente si se llevaron bien irá a bailar toda una tanda en un próximo momento. También se acostumbra a preguntar a un amigo: "¿Cómo baila fulana?" Y, dependiendo de lo que le digan, la saca o no.
El profesor Francisco Comas en su libro "El arte de bailar" de 1932 explica: "Nada puede ser tan desagradable a un caballero como encontrar una dama que no se deje llevar totalmente. Sin duda, porque no se dan cuenta de la gravedad del caso, son muchas las damas que no se dejan conducir sino parcialmente y aún hay algunas que no solamente no se dejan llevar sino que pretenden ellas conducir al compañero, ya sea por un mal hábito adquirido bailando algunas veces entre ellas o bien por simple prurito de dominio. Nada tan absurdo. Pues si bien hemos llegado a una época en que la mujer se ha varonizado un tanto, practicando ciertos deportes y ejerciendo cargos que antes eran del exclusivo dominio de aquellos, hemos de convenir que hay mucha distancia entre practicar un deporte más o menos varonil, a querer dominar al caballero". Según los entendidos, estas palabras que eran vigentes para esa época, no están nada fuera de moda en la actualidad en lo que se refiere al baile específicamente.
Hay milongas donde la gente que frecuenta es más joven como La Viruta, El Tasso, El Parakultural, La Trastienda o La Estrella del Maldonado donde muchos de esos códigos se perdieron. Por ejemplo sacaron las tandas y cortinas musicales. Pero en la gran mayoría de milongas como Almagro, Gricel, La Galeria del Tango, Salón La Argentina, La Juvenil, Akarense, Salón Canning, entre otras, la mayoría de los códigos y costumbres se conservan intactos aún con la presencia de jóvenes milongueros. La costumbre ya no sería cuestión de la edad y sí del lugar donde uno está.
Para bailar bien en la milonga, hay que practicar las ligaciones entre un paso y otro. Saber como interrumpir determinado movimiento si nos vemos obligados a eso. Hay que saber mirar hacia la dirección que uno mientras se esta ejecutando determinada figura y cómo cambiar de dirección; hay que saber hacerlo manejando a la compañera de manera suave y segura. Saber cómo hacer para que ella camine para atrás y para adelante, como hacer ochos (atrás y adelante) y cómo girar para la derecha y para la izquierda.
Finalmente, una de las cosas más importantes, que ningún bailarín puede olvidar: siempre es necesario escuchar la música. No hacer pasos y pasos sin importar si lo que se está marcando es el ritmo de un piano o la melodía de un violín. El buen bailarín, como a principio del siglo, es aquel que sabe hacer lucir a la mujer con lindos pasos, escuchando la música.
No importa si el objetivo es ser un bailarín profesional o bailar en la milonga. Una cosa es común en los dos estilos: la emoción. Esta es la diferencia del tango con los otros ritmos: la pasión entre la pareja. Por algo se dicen que el tango es un romance que dura tres minutos. No se trata solamente de un baile acrobático, aeróbico y veloz. Hay que poner corazón, es una entrega mutua. Bailar el tango es una declaración de amor...
Ché, te invito a tomar un feca
(2º Parte)

Por Silvia Dopacio Domingo, 01 de febrero de 2004, California
http://www.elsuplemento.com/cms/content/view/686/44/
Una vez mi tía Negra me contó que entre los
años '30 y '40, (ella nació en el año 1915) las mujeres se empilchaban
fenomenalmente. Las carteras hacían juego con los zapatos y los guantes con
los sombreros, y los trajecitos marcaban la cintura Divito. Ellas,
preparadas por las escuelas primarias, con una cultura de educación formal y
presumida, esperaban ansiosas a aquel tangueril varón -que comenzaba con un
-Perdone, señorita, no me tome de atrevido, pero, ¿puedo invitarla a tomar
un café?- y el sueño de un esposo, hijitos, licor casero y una tranquila
jubilación, se hacia presente en esos primeros minutos. Hoy, las mujeres
hemos recorrido un largo camino, como en esa publicidad de cigarrillos. Pero
la frase, sin tanto protocolo, aún se escucha con susurrante entonación
varonil: ¿vamos a tomar un café? como preludio porteño y amoroso. Quizás sus
primeras voces se sintieron en El Nacional (Av. Corrientes, entre C.
Pellegrini y Suipacha -vereda par-), café que en la década del '20 recibió
el título de “Catedral del Tango”. Debutó allí el sexteto Vardaro-Pugliese
en 1929, y la propia orquesta de Osvaldo Pugliese en 1939. También hizo su
presentación en Bs.As. la cantante Mercedes Simone. Lindas eran las minusas
que frecuentaban en grupitos de tres o cuatro el Tibidabo (Av. Corrientes,
entre Talcahuano y Libertad), cabaret en el que se presentó -a lo largo de
muchas temporadas- la orquesta de Aníbal Troilo. Allí también debutó la
orquesta de Francini-Pontier y actuaron las agrupaciones de Pedro Mafia y
Stampone-Federico. Se decía que en este salón, las minas bailaban bárbaro.
En Tango Bar (Av. Corrientes 1269) fue el café en donde actuaron las
orquestas de Edgardo Donado, Elvino Vardaro, Miguel Caló, Horacio Salgan,
Osvaldo Pugliese, Francini-Pontier y Osmar Maderna entre otros. El famoso
Chantecler de Paraná entre Av. Corrientes y Lavalle -vereda par- se
convertiría en el cabaret más lindo, inaugurado en diciembre de 1924 por la
orquesta de Julio De Caro en donde también actuó como número central, la
orquesta de Juan D´Arienzo. Más viejito, pero lindísimo, era el Salón
Rodríguez Peña (Rodríguez Peña 344) Este era un salón de baile en donde, a
partir de 1910 o 1911, se organizaban los grandes bailes en los que se
lucieron los mejores bailarines de aquella época: Enrique “El Oriental”, “El
Vasco” Casimiro Aín y “El Pardo” Santillán, junto a bailarinas de renombre,
tales como “La Parda” Loreto, “La Chata” o María Angélica. Amenizaba la
orquesta de Vicente Greco. Es increíble, hasta hace poco también estaba el
Caño 14 de Talcahuano 932, local nocturno que congregó al público tanguero
de fines de la década de 1960. Allí se consagró como cantor solista Roberto
“El Polaco” Goyeneche. Hasta hace unos años se había mudado a la Recoleta.
Otro muy famoso por los suspiros que se sentían en sus jardines era el
Armenonville (Av del Libertador entre Mariscal Castilla y Tagle, -vereda
par) Era un lujoso cabaret-restaurante con jardines, glorietas y reservados.
Hummmmm... En 1913 se presentó el dúo Gardel-Razzano y fue elegido como
director de orquesta del lugar el pianista Roberto Firpo. En lo de Hansen
(Av. Sarmiento casi Figueroa Alcorta, hacia el río -vereda oeste-),
legendario restaurante al aire libre, durante el día funcionaba como
restaurante y cervecería para familias, mientras que por la noche había
tango con dudosa concurrencia. Y hasta hoy se mantiene en pie el Palais de
Glace (Posadas y Schiaffino) Construído originariamente como pista de
patinaje y devenido luego lugar de tango, cobijó a las orquestas de Roberto
Firpo, Francisco Canaro y Julio De Caro. Hoy se escuchan las orquestas en
los Festivales Internacionales de Tango y durante el año se puede visitar
como Museo.
Y pensar que Argentina, hoy por hoy, tiene a los nietos e hijos de los
primeros piropeadores porteños. Por eso es un placer caminar arregladita por
las calles del centro.
Las
Minas en el Tango (Segunda Parte)

* Por Silvia Dopacio, La Mondonguito,
California
A partir de 1870, Buenos Aires sufre rápidos cambios demográficos, urbanísticos
e industriales. Pasa de 180.000 habitantes en 1869 a 1.300.000 en 1910. En 1871
el 10% de la población muere de fiebre amarilla. La mitad de la población es
inmigrante: españoles de Asturias y Galicia, italianos del Sur, de Oriente
Próximo, judíos de Europa Central y Rusia, y más... En su mayor parte son
hombres solteros. Crecen los barrios marginales proletarios (arrabales), las
barracas, los caserones convertidos en conventillos colectivos. Se genera un
gran mercado de prostitución, se calculan unas 30.000 prostitutas hacia 1900.
En 1910 "una de cada cinco mujeres ...era una prostituta reglamentada¨ Esto
quería decir que la prostitución femenina es una manifestación de la
subordinación de la mujer al interior de una sociedad patriarcal, que en algunos
casos toma expresiones de infame explotación.
Cómo eran percibidas estas mujeres en Buenos Aires? Seguro que no como la Rahab,
la ramera de Jericó, quién resulta ser artífice del triunfo hebreo en la
conquista de Canaán. Ni tampoco la de la cultura paleocristiana, La Magdalena,
amiga de Jesús y héroe de la fe "cristiana". Ni Laurencia, en la era pre-romana.
Tito Livio nos señala que la leyenda de Rómulo y Remo - fundadores de Roma-
tiene como personaje fundamental a esta prostituta a la cual apodaban "la loba".
Ella habría servido de nodriza a estos pequeños salvándolos de la muerte y sobre
todo, posibilitando el designio de los dioses en lo que respecta a la formación
del gran poder político que fue Roma.
Las minusas prostitutas porteñas estaban lejos de ser como mandaba la diosa
Milita en Babilonia. Allí toda mujer, al menos una vez en su vida debía
prostituirse en favor de la diosa.
En Buenos Aires el reino de las prostitutas o grelas era el burdel, que cumple
el papel de ser instrumentos de placer, especialmente para los hombres jóvenes.
Entonces, parece que se puede mantener "la seguridad colectiva" y proteger el
"honor de las mujeres de estado". Las prostitutas no sabían leer ni escribir y
no tenían ninguna educación, salvo el consejo maternal de la Madame –dueña del
burdel-como La Turca o La Vasca, no tenían ni el abrigo de leyes sociales, ni
sanidad, ni control de natalidad, ni la misericordia de la Iglesia Católica, ni
familia, solo tenían los versos que las han inmortalizado a través del Tango y
sus poetas.
Este triste génesis que se registra de las primeras Minas del Tango- poco
probable con la prostitución más bien se hablaba de milonguitas- , éstas mujeres
casi todas inmigrantes o del interior de nuestro país, cumplían en hacer felices
a los varones trabajadores en el comienzo del año 1862 y hasta la primera mitad
del Siglo XX.
Los primeros nombres de mujeres que aparecen en la escena del Tango corresponden
todos a bailarinas. Bailarinas no de teatro, por supuesto, sino milongueritas o
milonguitas que habitualmente solían vivir en los burdeles o casas de citas
donde se bailaba el tango, con alguno que otro músico en vivo, se podía tomar
alcohol u otras bebidas y otros placeres . Por cierto el registro que se
encuentra de sus identidades son sólo apodos: Lola La Petisa, Paulina La Bella,
La Parda Refucilo, La China Venicia, La Barquinazo, La Tero, La Mondonguito (que
muere de una enfermedad en el año 1913 y vivía en el burdel de la calle Pozos
esquina Avda. Independencia) , Enriqueta la Cara Sucia, inspiradora del Tango
del mismo nombre, La Guanaca, La Parda Flora. Pocos son los nombres completos
que se conocen: Catalina Barsolo, Federica Díaz o Carmen Gómez.
Un poco más lejos de la prostitución y del baile estaban las compositoras, que
componen alrededor del 1900, bajo la crítica varonil del momento, muchas
debieron figurar con seudónimos de nombres masculinos, o los nombres de sus
hijos o esposos: Julieta Duparc, María Eloisa Peirano, Juana Giroud Faleni,
María Torres Caamaño, Alcira Hernández, Ester Isabel Seoane y Eloísa D´Herbil de
Silva. Algunas de éstas señoras pertenecían a la alta sociedad y en silencio
componía las notas de los tangos, género inspirador por sus embriagadoras
melodías escuchadas a escondidas. Casi todas éstas composiciones son en piano.
Más adelante vendrían dos legendarias figuras: Rosita Melo (Seudónimo de
Clotilde Rosa Mele) autora del tango Desde el Alma y Paquita Bernardo (Seudónimo
de Federica Cruz Bernardo) que fue el primer bandoneón femenino, cuya actuación
en el Café Domínguez obligó a cortar el tránsito de la Avenida Corrientes
–antaño angosta- por el exceso de público.
Mientras se publicaban en los diarios del momento, una lista de oficios
ofrecidos por francecitas o alemancitas como masajistas, pedicuras o peluqueras
a domicilio, valga la aclaración que cuando se decía peluqueras se referían al
cuidado también de la barba, la afeitada y los baños de vapor para mejorar la
piel curtida de los varones del momento. Se dice que también detrás de éstos
ahora antaños avisos de diario, se escondía la prostitución como segunda opción.
Al mismo tiempo, alrededor de la década del 20 al 30 surgen las letristas. La
primera fue María Luisa Carnelli bajo el seudónimo de Mario Castro Y Luis Mario,
en los tangos Cuando llora la milonga y Se va la vida. Luego la sigue Micaela
Matilde Sastre, la hija de Marcos Sastre, que hacía firmar sus tangos a su hijo,
Don Rodolfo Pittaluga Sastre, ella escribe entre otros tangos Refucilo y
Garabatos de Mujer.
Como sé que son lectores muy inteligentes notarán sobre todo en las letristas la
necesidad de masculinizar sus nombres, no “huele” a que a las minas les ha
costado más entrar en el ambiente del tango? Por qué será?
La mayoría de los nombres femeninos del tango se asocia a las cancionistas,
-me imagino que parecer hombres hubiera sido más complicado- La Primera de ellas
fue la hermosa Pepita Avellaneda (Seudónimo de Josefa Calatti) para la cual
Angel Villoldo (El del Choclo) escribió El Entrerriano...”A mi me llaman Pepita,
Jai Jai, de apellido Avellaneda...” La siguieron Dorita Miramar que en 1903
convirtió en éxito absoluto a El Porteñito y Lola Candales que en 1905 estrena
La Morocha.
A propósito por ese entonces parece que las “ Lolas” eran unas cuántas: Lola
Contreras, Lola García, Lola Rodríguez, Lola Membrides, que luego terminó como
una inmensa actriz dramática que ya había triunfado en la obra Cara Sucia.
La década del 20 merece otro capítulo, por el momento me parece notar que a
nosotras, las mujeres, siempre nos ha costado entrar en el mundo, entre
seudónimos, apodos, cambios de nombres, misterios, secretos, no son muchas las
mujeres si comparamos con los hombres en el tango, pero eso sí, esta probado que
de “Macho” el Tango, no tiene completo su nombre.
©Silvia Dopacio, California.
NOTAS SOBRE VIAJES
Confieso que he viajado
-
Inolvidables días en el Titicaca.
La intensa experiencia de convivir con una comunidad incaica en
la isla más grande del lago.
Diario Clarín, Por Silvia Dopacio, Buenos Aires
Transcripción de la nota del Diario Clarín.
A casi cuatro mil
metros sobre el nivel del mar, supuse que Perú terminaba de conmoverme con la
increíble ciudadela de Macchu Picchu, la multiétnica Cuzco y la transparencia
del Titicaca. Pero se me ocurrió atravesar las islas de juncos desde Puno,
alejarme 35 km hacia el Norte con una barcaza a motor y pasar cuatro días en
Tequile, la isla más extensa del lago. De golpe, me vi sumergida en una muestra
viviente de la época incaica. Una experiencia fascinante. Una escalinata de 567
escalones trepa desde la costa blanca —de piedra caliza— hasta la cumbre de la
isla (450 m más arriba), donde una vez por semana se reúne el Consejo de
hombres. Son eximios tejedores que elaboran a mano un tapiz blanco, rojo y
verde, tan cerrado que impide el paso de la luz. Hilan y tejen con entre dos y
ocho agujas a la vez y tiñen el hilo con vegetales. Las niñas de la comunidad me
enseñaron a hilar con el dedo gordo del pie, sosteniendo el hilo con la boca y
un palillo.
Por algo afirman que, en la isla, se juntan "los cinco vientos": junto al
almacén de comidas, una veleta de madera con una flecha marca cinco posiciones.
El quinto viento representa la fuerza de su cultura. Me dieron una colcha tejida
por ellos, una almohada de juncos y la cama de paja y juncos de un matrimonio,
en una casa semioculta entre las terrazas de cultivos. Los dueños de casa
prefirieron dormir en el horno de barro abovedado de la cocina.
La altura dejó de preocuparme gracias a una hiedra con microscópicas flores
amarillas y verdes, que resultó un perfecto broncodilatador para oxigenarse.
Todos caminan por las estrechas callecitas, las mujeres llevan a sus hijos sobre
las espaldas y los hombres acarrean la carga sobre los hombros.
Las costumbres se mantienen desde hace siglos e incluso desde la época
precolombina. La sociedad se apoya en valores muy altos. En Tequile todo se
comparte, hay mucha solidaridad y se practica el trueque. Además, respetan las
enseñanzas ancestrales para resolver sus necesidades cotidianas. Alrededor de
sus casitas de adobe, los hijos del sol lucen sus chumpis (fajas),
chullos (gorro de lana que cubre la cabeza y las orejas) y pantalones
negros adornados. La indumentaria que visten en cada ocasión simboliza los
acontecimientos familiares y agrícolas. Sólo después de esta experiencia
comprendí el carácter sagrado del lago Titicaca.
NOTAS SOBRE HOMBRES
MACHOS ALFA o BABOSOS EN LA MILONGA, Por Silvia Dopacio.
EL Macho ALFA se define como el individuo que en una comunidad es seguido por los otros, el líder de una manada.
En algunos grupos éstos Machos ALFA son reconocidos por que se reproducen exitosamente- o sea, son bocones y cuentan todo el tiempo con quién se acostaron exitosamente, claro, aunque la susodicha siempre esté mirando para otro lado- , se les demuestra respeto –conservan su lugar habitual en la milonga- , son los primeros en levantarse a las mejores minas (léase a las más cotizadas, que no es lo mismo) , son muy atractivos y/o llamativo, este estatus se consigue a través de proezas físicas como ser buenos bailarines, demuestran solvencia económica y alta clase social –visten impecables e invitan los tragos en la mesa o una picada y evitan tragarse las eses al hablar-, suelen ser famosos o reconocidos en la comunidad en que se mueven, se los alaba, marcan modas y conductas.
Catalogar a un hombre como Macho ALFA es peyorativo porque suelen ser artificiales, afectados y narcisistas, no respetan los códigos sociales, no cultivan la empatía ni la humildad.
Se acompañan por lo general de Machos Betas, en relación de subordinación, o sea se rodean de alcahuetes o chupamedias que tienen la misión de mantenerlos como Machos Alfa con la ilusión de comer de sus miguitas.
Es una especie de mono jefe que no necesariamente es el más grande, alto y pintón sino el más inteligente y manipulador de todos, incluso pueden ser viejos sin dientes y feos pero con el talento suficiente de convencer al resto de su comunidad que es el mejor de todos.
Por supus que esto de ser el Macho ALFA en materia de seducción no pasa más allá del mito, para muchos la actitud agresiva y soberbia es una especie de afrodisíaco para algunas mujeres que fácil se encandilan con las luminarias, pero no es brillo natural. Su supuesto autocontrol que va encarrilando a las mujeres como si fuéramos ganado: - ¨Bueno, nena –con una sonrisita- no me mires más que ya te regale el placer de bailarte¨ en realidad en ese instante el Macho ALFA panzón y canoso se siente Elvis Presley bajando del escenario.
Quienes observamos éstos especímenes en el salón de la milonga sabemos que lo único que tienen es miedo y baja autoestima. Al mirarlos a los ojos, ellos SABEN que SABEMOS entonces tienen dos opciones. A) tratan de hacerte la noviecita B) más comúnmente, te agreden y al darles la espalda viven criticándote, mientras de lejos te sonríen.
Suelen vivir bajo el instinto animal de lucha-huida: luchan por protegerse tratando de imponer su personalidad e ideas por encima del resto y a la fuerza para evitar por medio de la violencia que los demás NO se den cuenta de algo.
Muchas veces ese algo es como esconder la hilacha: algún defecto, algún trauma familiar o simplemente falta de dinero o clase.
Luego esta el factor huida: alguna adicción, el juego, el alcohol, el pucho, que los distraiga de lo que intentan ocultar.
Los MACHOS ALFA tienen la manía de mear el árbol ajeno –para marcar el terreno como los perros- , basta que te pongas de novia o tengas un claro pretendiente que se te abalanzan pa joderte y salpicar blasfemias y mentiras.
Tienen éxito con las mujeres? Por supuesto!! pero solo con aquellas inseguras e inmaduras, que fácil caen en relaciones destructivas porque no encuentran sentido a la vida más que a través de emociones toxicas.
Muchos MACHOS ALFA tienen cara de culo ¨PORTAN JETA¨, siempre parecen enojados, serios, se venden como aplomados y tranquis. PERO ES UNA POSE. Podemos ser serios, tranquilos y aplomados sin parecer que comemos limón con ajo. Podemos enfrentarnos con tranquilidad a situaciones sociales y vencer nuestra timidez si no tenemos miedo, no nos quedamos atascados cuando sabemos lo bueno de nuestras capacidades.
Pero no, los MACHOS ALFA son de cartón, no como los verdaderos hombres que son capaces de respetarte, adorarte socialmente sin temor a que los señalen de pollerudos, porque se conocen a si mismos, tienen su autoestima por el techo y no necesita de los Machos buchones Beta que los aprueben y alaben. El verdadero hombre líder es aquel cuya comunidad confía su cuidado, por el cual soñamos las mujeres, tienen sentido del humor, se los ve brillantes aunque sea con un jeen porque son humildes y cariñosos, te animan, te ayuda a ver la vida sanamente, sin relaciones que echan a perder en lo mejor, no van por la pista pateando sus complejos fálicos. Hacen que todas las cosas pasen por un bien común, respetan a las mujeres y a los códigos del salón.
No andan como los MACHOS ALFA siempre buscando ventaja a todo, verlos llenarse la boca porque se levantaron a una mujer que es propietaria es patético y escucharlos meterles los cuernos es más que patético es tristísimo porque sabemos de todo lo que se pierden. (Olvidan que en verdad quien menos habla más los pone).
Los MACHOS ALFA como buenos simios jefes se creen en el derecho de andar toqueteándote, susurrarte palabras soeces, mirarte como si fuéramos un helado con chocolate, a veces con la transpiración que les produce el miedo al abrazo les cae la baba hasta la pera.
Entonces no solo estamos en presencia de un MACHO ALFA SINO TAMBIEN DE UN BABOSO MILONGUERO simio del Arrabal.
El amor humano es una mágica sensación de paz interior, autocontrol, alegría, compañía y atención sin perdernos de vista. Estemos atentas entonces, aún quedan hombres en la milonga, para amar, para la amistad o simplemente para un abrazo de tango inolvidable.
Con amor y sentido del humor. Silvia Dopacio, La Mondonguito.
Buenos Aires. Argentina
- Textos online -
Sobre Códigos de la Milonga
http://www.tangoenchile.cl/sitio/pgs/reportajes/codigos_milonga.htm
En la Revista Argentina del Sur de California.
http://www.elsuplemento.com/cms/content/view/686/44/
http://www.elsuplemento.com/cms/content/view/1196/44/
http://www.elsuplemento.com/cms/content/view/1173/44/
Homenaje a Azucena Maizani
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